Innovación: ¿A paso lento pero seguro?

Si bien la innovación se convirtió en uno de los términos más utilizados en foros y encuentros académicos, es importante evaluar qué tanto se hace en Colombia para superar los obstáculos en esta materia.
La búsqueda por transformar el país en uno de los tres más competitivos del continente es la meta planteada por el Sistema Nacional de Competitividad que para en el año 2032 espera que Colombia cuente con un índice de pobreza menor al 15%, sea un lugar adecuado para los negocios, atractivo para la inversión y una economía exportadora de bienes y servicios de alto valor agregado e innovación. Aunque el país parece ir a un ritmo lento en el tema, a diario algunas propuestas podrían dar los resultados antes de lo esperado.
Es claro que Colombia está en un proceso de transformación y apropiación de ciencia, tecnología e innovación, CyT+I. Jorge Alonso Cano, director de Desarrollo Tecnológico e Innovación del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación, Colciencias, cree que el panorama parece tomar un nuevo rumbo. “El Conpes nos había planteado como objetivo llegar al 1% de inversión en CyT+I en el año 2019, pero la meta que tiene el nuevo gobierno es que en el 2014 esto ya se haya cumplido, lo que nos permite ser optimistas”.
¿Dónde está el problema?
Nadia Albis, investigadora Observatorio de Ciencia y Tecnología de Colombia, OCyT, plantea una discusión clara al afirmar que “en América Latina la desarticulación en el sistema de innovación es grande por la poca conexión entre universidades y empresas y los centros de investigación”, situación que estaría rezagando a los países.
Pero Albis va más allá, cree que la innovación debe percibirse ampliamente, “es muy diferente mirarla en sectores con alta intensidad tecnológica que la requieren con aquellos que no la tienen”, asegura y agrega que “la intervención pública debería ser diferente y eso creo que no es claro, simplemente se hace una política pública general sin ser suficientemente específica para cada necesidad, eso también afecta”, puntualiza.
Uno de los indicadores que más destaca Cano es cómo la mentalidad está cambiando. “Un indicativo clave es que hasta finales del 2008 teníamos que buscar en dónde colocábamos los dineros, ahora desde finales de 2009 sucede lo contrario, es en dónde conseguir el dinero para poder financiar los proyectos”.
La tendencia se está dando debido a los incentivos tributarios que pueden obtener las compañías a partir de la búsqueda de nuevos desarrollos, como la cofinanciación de proyectos donde el Estado suministra un aporte por medio de Colciencias para su desarrollo y apoya con un grupo de investigación avalado por la entidad. Estos aportes se calculan de acuerdo al tamaño del tipo de organización.
Para una pequeña empresa el aporte puede ser hasta del 75%, en una mediana alcanza hasta el 65% y en la gran empresa el apoyo es del 40%. “El aporte se lo hacemos entregándoselo a la entidad investigativa. Estos elementos pueden combinarse en el mecanismo de deducción por inversiones en CyT+I que es un mecanismo que nos da el estatuto tributario por medio del cual toda persona natural o jurídica que realice estas inversiones puede deducir hasta el 125% de su inversión, y eso se reduce en la renta líquida gravable hasta un 20% de la misma”, asegura Cano, un mecanismo que puede ser efectivo para la gran empresa.
Pero Albis mantiene su posición en que la política pública debe ser cada vez más específica. “Es diferente mirar la innovación en sectores con alta intensidad tecnológica que la requieren con aquellos que no la tienen.Cano afirma que el problema de la innovación en el país está en la falta de divulgación, pues hay interés de las compañías en mostrar lo que vienen desarrollando en el tema. “En mayo sacamos una resolución de reconocimiento de centros en dónde uno de los objetivos es mirar cómo motivamos y cómo oficializamos los esfuerzos de muchas empresas privadas por formalizar sus centros de I+D+i”, asegura el funcionario.
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