Una sencilla lección



El gran problema de la innovación, es que le han puesto tanto misterio al asunto que genera más incertidumbre que optimismo. Mitos como que si una empresa no cuenta con un abultado presupuesto para investigación y desarrollo estará en un par de años fuera del mercado, tampoco colaboran. Recientemente un consultor asustaba a su púbico contándole que Samsung tiene más de 20 mil personas dedicadas a la investigación y el desarrollo a nivel mundial; anotaba que esta área representa más del 20% de los costos globales de la operación, y hacía predicciones apocalípticas para aquellas compañías que no siguieran los pasos de esta empresa.

No nos dejemos impresionar por espejismos. Los seres humanos innovamos mucho antes de que existiera el concepto de empresa. La innovación es inherente al ser humano, es lo que le ha dado un puesto privilegiado en la evolución de las especies; y no es ajeno a nadie. Lo que sí es cierto es que con el pasar de los años la gestión de la innovación se ha ido refinando, ajustando y se han integrado metodologías que la hacen más estructurada.

Sin embargo para no perder el foco, retomemos que para gestionar un proceso de innovación no es más que llevar a los equipos, de una forma metodológica, a responder a las necesidades de sus clientes, ya sean internos o externos. Por eso innovar tiene más que ver con la gente; la libertad, el riesgo y la interacción entre las áreas; que con laboratorios, moléculas y alta tecnología.

Es más importante generar en una organización una cultura de la innovación donde a las personas se les cuestione frecuentemente, se les rete, se les invite a participar del futuro de la empresa, se les haga interactuar con otras unidades para encontrar respuestas; donde se escuchen sus ideas y se reconozcan sus aportes, a tener laboratorios de desarrollo.

Es tan importante que las unidades de mercadeo, ventas, cartera y mensajería tengan sus propios comités y actividades de innovación, como que lo hagan las áreas de producción. Pude ser que todas las personas involucradas en estas áreas terminen aportando innovaciones incrementales, mejoras pequeñas y constantes a productos y servicios establecidos; pero en realidad con que de una de esas actividades de innovación entre unidades, salga una idea disruptiva y se ejecute bien… se puede cambiar la cara a una industria.

Si en algún momento siente que se está enredando la vida con el tema de innovar, siéntese a observar como un grupo de niños, que a duras penas saben hablar, se reúne en un parque a trabajar colaborativamente para resolver un problema común y tendrá la mejor lección de innovación. Su tarea: replicar recurrentemente ese juego de niños en su empresa. Felices ideas.



 
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Edicion No. 33

 

 

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