Lo peor de este caso es que sobre la inestabilidad de Venezuela y Ecuador hemos estado avisados desde hace varios años, y aun así hemos actuado con displicencia en la apertura de nuevos mercados. Peor aun, nos tranquiliza pensar que Venezuela tiene semidesmantelada su capacidad de producción agroalimentaria y que, al igual que Ecuador, no tiene como sustituirnos como proveedor. Tranquilidad que se fue al trasto el pasado 2 de abril cuando Chavez decidió, por motivos “que todavía no están claros”, suspender las compras de pollo y huevos a Colombia y reemplazarlos por alimentos de origen argentino.
Aunque todavía pensar en mercados como Chipre, Dinamarca, los Países Bajos, Polonia, Rumania e incluso el Reino Unido está fuera de discusión en la mayoría de las industrias colombianas, estas economías demostraron en enero del 2009 el mayor crecimiento comercial con Colombia, frente al mismo mes del año pasado, y compras comparables con las que nos hizo Venezuela en ese mismo mes. Vale la pena destacar que en este mismo periodo nuestro vecino nos compró tan solo un 12 por ciento menos que en el mismo mes del año pasado. No olvidemos que hay sobre la mesa negociaciones muy importantes que facilitarán las relaciones de Colombia con países como Canadá, Brasil, Chile, Rusia y por supuesto la Unión Europea.
Se que suena a frase de cajón, pero hay que buscarle el lado positivo a esta coyuntura, hacer un alto en el camino y repensar internamente las empresas en busca de la eficiencia. De todas formas es claro que en las coyunturas económicas es cuando se tiene la radiografía más clara de una empresa, cuando las áreas de desempeño mediocre se hacen más evidentes y pesan más en los estados financieros; es en las crisis que se logran eficiencias operativas y se toman las decisiones arriesgadas que dan un nuevo aliento a las empresas, tal vez un nuevo y lucrativo mercado.
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