En supermercados, tiendas y centros de abastecimiento del país, es cada vez más común encontrar estos productos básicos en nuevas presentaciones, con otros ingredientes y aditivos, que suponen un plus para los consumidores: sal para parrilla, arroces enriquecidos, atún con ensalada en una misma lata, aguas saborizadas y funcionales, entre otros productos y preparaciones. Desde el punto de vista del consumidor, esta especialización representa una nueva tendencia de nutrición. Para las empresas, en cambio, es la respuesta a una creciente demanda por mayores beneficios alimenticios.
Según Diego Parra, Director de la empresa consultora en innovación Katharsis, hace unos años la comida servía prioritariamente “para quitar el hambre”. Hoy en día, existe una fuerte tendencia a la fabricación de productos funcionales de la misma forma que de productos de indulgencia. “Un claro ejemplo ha sido la porción en el mercado que tienen productos cárnicos y lácteos que favorecen la salud, en un mismo segmento en el que se venden salchichas tipo ranchera y otros productos no tan especializados”.
Respuesta mundial, poco en Colombia
En otras partes del mundo, el fenómeno de “descomoditización” es mucho más dinámico y existen empresas enteramente dedicadas a la fabricación de estos “súper commodities”. En Estados Unidos, la empresa Glacéau ofrece una línea de productos de agua funcional especial para consumidores específicos, en la cual están SmartWater, un agua energética, y VitaminWater, que contiene vitamina C y fructosa.
De igual manera, la empresa multinacional Wuxi NutriRice Limited produce granos de arroz enriquecidos, destinados a ser mezclados con arroz natural, con altas capacidades nutricionales. Estos, además, constituyen una alternativa para países con deficiencias nutricionales.
En Colombia, los commodities cárnicos están desarrollándose de manera sostenida desde hace dos años. Jamones bajos en grasa, jamón serrano –aunque a una escala muy reducida- y salchichas dietéticas, hacen parte de los ítems de este segmento que están llevando nuevas preparaciones e ingredientes a los consumidores. El objetivo es hacer que los bienes básicos sean funcionales, a partir de una alimentación sana desde los cimientos del consumo.
No obstante, en el país no existe un proveedor 100% dedicado a la producción de los “súper commodities”. Aunque sí se encuentran empresas cuya meta es lograr un 50% de oferta de estos productos para sus clientes. La regla fundamental de la “descomoditización” es innovar disminuyendo los costos, pero aumentando el valor de producto y, de paso, su precio.
Según Diego Parra, esto constituye una gran oportunidad de mercado en Colombia, dado que la introducción de estos productos ha sido más bien improvisada, y basada en el ensayo y el error. “Una vez se determine qué funciona y qué no, los grandes productores estarán más enfocados a ‘descomoditizar' sus ítems de manera más fuerte”, dice.
Ante el comportamiento reciente de los precios internacionales de los commodities, en el que la caída asusta por el impacto en los países que dependen de este mercado –Argentina está expectante dado que sus principales clientes de bienes básicos son China e India–, la descomoditización se podría convertir en una alternativa para los proveedores, teniendo en cuenta el incremento en precios que los “súper commodities” representan. La crisis en el precio podría incluso posibilitar la especulación, e inundar el mercado de bienes básicos con estos nuevos productos “básicos especializados”, que hacen parte de una tendencia global.
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