SIN INFRAESTRUCTURA NO SE PUEDE

Estoy seguro que todos los empresarios del país están tan indignados como yo por el atraso en infraestructura de Colombia; pero no tan indignados como estarán después de conocer que nuestro país ocupa el penúltimo lugar en América Latina, sólo por encima de Bolivia, en cuanto al desempeño logístico. Es más, hay quienes se arriesgan a afirmar que Colombia está atrasada 30 años en infraestructura vial.

 

Este atraso golpea directamente la competitividad de los proveedores nacionales y el bolsillo de los consumidores ya que, y citando sólo uno de los artículos de esta edición de IAlimentos, “Según cifras del Banco Mundial, en el país los costos logísticos, y en particular en Bogotá Cundinamarca, son de alrededor del 20% del costo total de la carga. Una cifra que difiere mucho de la situación en países como Argentina y Brasil, donde esos costos son del 6%”.



Aunque he reconocido los logros del gobierno en materia de seguridad y de inversión extranjera, en este momento no puedo más que avergonzarme por la corta visión y la precaria capacidad de ejecución de los proyectos de infraestructura dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Destaco la lentitud, no sólo con que se han asignado las licitaciones para proyectos tan importantes como el túnel de la línea y la Autopista del sol, sino de la continuidad al plan de navegabilidad del Río Magdalena y el puerto multimodal de La Dorada, o la extensión de las líneas férreas de las tres concesiones actuales.

 

No me basta, como a muchos de ustedes tampoco les debe bastar, el parte de tranquilidad del gobierno frente a los avances logrados, ya que la infraestructura debe crecer al menos al mismo ritmo que la economía; y si tenemos que desatrasarnos lo de los últimos 30 años, hay que apretar el paso.

 

Finalmente estos avances no se pueden medir por el número de kilómetros construidos, por el incremento en la capacidad de los puertos o la cantidad de concesiones asignadas, sino en cosas tan evidentes como en el costo de los fletes, los tiempos de transporte y la continuidad en la prestación de los servicios.

 

A todo esto hay que sumarle que la extensiva inversión en infraestructura vial puede sacar al país de más de un problema, especialmente en temporadas de desaceleración económica.

 

Por una parte, estas inversiones y concesiones pueden reactivar parcialmente la economía, como ya lo hicieron en los años 30 en los Estados Unidos tras la gran depresión; pueden mantener el nivel del empleo y del crecimiento económico, al mismo tiempo que pueden mejorar los costos de los productos para los consumidores y la competitividad para los exportadores. De la misma forma estos proyectos pueden mitigar la principal preocupación de muchas multinacionales que ya han puesto sus ojos en nuestro país y que estarían dispuestas a sumarle a la inversión extranjera directa si las condiciones de transporte de mercancía cambian. Por eso es importante pasar de hacer diagnósticos de la infraestructura colombiana a adelantar verdaderos proyectos que mejoren nuestra capacidad y competitividad logística.


 
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Edicion No. 25

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