En el caso concreto de Colombia, se esperaba que la relativa ortodoxia en sus políticas económicas y las lecciones aprendidas de la crisis de 1999 sirvieran para matizar la crisis financiera internacional. Infortunadamente, hemos encontrado que Colombia se pudo haber preparado mejor, construyendo infraestructura, haciendo reformas estructurales en el campo laboral, fiscal y de comercio exterior, entre otros.
Todo lo anterior, sin embargo, no debe ser motivo para darse golpes de pecho ni para hundirse en el pesimismo; por el contrario, esta situación económica adversa debe servir para reflexionar sobre cómo hacer las cosas de mejor manera. De pronto es el momento para pensar en esas reformas que hemos dejado de lado, esperando que, al ignorarlas, desaparezcan. Colombia debe preguntarse ¿cómo hizo Perú para seguir creciendo (aunque a menor ritmo)?
Así como hay países que están “aguantando” mejor, también hay sectores y empresas que están mejor preparados para resistir, y que, seguramente saldrán adelante. Aquellos empresarios que se prepararon, serán capaces de resistir una situación tan adversa como la actual, y saldrán fortalecidos de la misma, ganando mercado, incrementando la fidelidad de sus clientes, profundizando sus relaciones con proveedores e incrementando la lealtad de su equipo de colaboradores.
Habrá otros empresarios, que, como Colombia, no se prepararon lo suficiente. Éstos deben reflexionar sobre lo que se hizo y se dejó de hacer. ¿Concentré mis esfuerzos comerciales en un solo destino? ¿Me olvidé de investigar e innovar por estar tan preocupado por vender en las épocas de auge? ¿Me aseguré de mantener contento al equipo humano, mis clientes, mis proveedores cuando el trabajo estaba siendo tan exigente? De la respuesta honesta a este tipo de preguntas surgirán las respuestas que permitirán preparar al país y a sus empresarios para ser mejores. Si todos los empresarios hacen este ejercicio de auto-examen, la recuperación del país como un todo será más rápida, y más duradera.
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