Los hábitos alimentarios fuertemente influidos por las tendencias del mercado, y cada vez mas alejados de la cultura y las necesidades biológicas, están siendo investigados como factores determinantes en la creciente epidemia de obesidad mundial que amenaza los sistemas de seguridad social. Es así como han venido apareciendo normas con base en evidencia científica que empiezan a establecer los mínimos exigidos en componentes alimentarios como sodio y grasas trans. Sobre todo porque la presencia de estos elementos en alimentos de consumo masivo ha aumentado proporcionalmente la frecuencia de enfermedades discapacitantes y de alto costo como la diabetes, la hipertensión y la enfermedad cardiovascular.
De igual forma, los análisis de estilos de alimentación conservadores como la DietaMediterránea, han sido determinantes en la descripción de componentes nutritivos y no nutritivos (algunos antioxidantes, por ejemplo), que pueden ejercer un efecto protector en el organismo. Tal es el caso de los Omega 3 del pescado, los fitoestrógenos de la soya, los tocoferoles y tocotrienoles de la palma, o los taninos del vino, entre otros.
Con excepción del sodio y los taninos, los otros nutrientes enumerados en éste artículo pertenecen a la familia de los lípidos, conformada por los aceites y la grasas que son muy importantes para la salud. Pero frente a ellas los consumidores han asumido posiciones extremas: están quienes han abolido los “fritos” de su alimentación, llegando incluso a presentar signos de deficiencia de ácidos grasos esenciales y vitaminas liposolubles, especialmente en niños; y los que comercializan frituras de alto riesgo para la comunidad, dadas sus malas prácticas de manipulación.
Por eso, en aras de evitar casos como estos, dentro de los cinco elementos para la configuración del concepto de Responsabilidad Social planteados en un documento de la III Conferencia Interamericana promovida por el BID (Chile, 2005), tendrían cabida actividades orientadas a generar relaciones con el consumidor que no sólo demuestren un comportamiento ético voluntario asumido por la industria de los aceites y las grasas. Con ello se pretende invitar a la industria a crear estrategias educativas que hagan alarde de los beneficios del consumo saludable de este nutriente; y, que además de contribuir a la sostenibilidad del negocio, pueda demostrar un balance social en términos del impacto en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad.
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