PRELISTOS, HÁBITOS DE POSGUERRA


El francés conoce bien la palabra ‘stock', después de que en la Segunda Guerra Mundial se estilaran los tickets de alimentación para la repartición de raciones, situación que produjo un afán desmedido por llenar las despensas (refugios nucleares) de alimentos, en cajas de hierro adquiridas en el mercado negro.

He aquí una pista de por qué en el país galo prosperan las conservas, sin mencionar, la imperiosa necesidad de ocupar menos tiempo en la preparación de los alimentos. Esta búsqueda es sin duda una de las tendencias y mayores retos de la industria alimenticia actual, en la que también se centran debates como la tecnología empleada para ello y la recuperación de las características naturales y las propiedades nutritivas de los alimentos.


 

Crecen los alimentos listos

 

Gracias a los vicios de la posguerra y a la empresa moderna, el consumo de productos prelistos presenta un gran crecimiento en los últimos cinco años. Éste obedece a la apertura de mercado por cuenta de los consumidores fieles a la tradición conservista, y a la capacidad de innovación y soporte tecnológico.

 

De acuerdo con el Sindicato de Fabricantes de Productos Congelados, SNFPS por sus siglas en francés, sólo el mercado nacional de productos congelados tuvo una progresión del 3,3% en 2005 y generó uno de los crecimientos más importantes entre otros sectores de la alimentación. Francia, además, se sitúa entre los países europeos con más aceptación de estos productos.

 

Desde el 2005, todas las referencias de congelados empezaron a crecer, en especial los postres, en una proporción de más del 17%, y las carnes, con más del 11%. Las entradas y los platos listos, que son el 43% en el mercado, responden a las exigencias de practicidad, ganancia de tiempo, y a la disposición de alimentos recomendados por nutricionistas.

 

Natural o artificial

 

Según un sondeo de TNS Sofres (Instituto Francés de estudios marketing y opinión) para la Asociación Nacional de la Industria Agro Alimentaria (ANIA), el 76% de los franceses estiman que una alimentación variada, sana y equilibrada es el componente más importante para preservar la salud. Pero de acuerdo con el instituto de Cuidado Sanitario, sólo el 43% come cinco frutas y legumbres por día, y un 49% sufre de sobrepeso.

 

De otro lado, el 68% de visitas a restaurantes en 2007 correspondió sólo a establecimientos de comida rápida. Los más frecuentados por los franceses y que hacen las más grandes cifras son Mc Donald's con 2.980 millones de euros en 2007 contra 433 del grupo de restauración FloHippopotamus, Bistrot Romain, Brasseries Flo, Tabla pizza.

 

Prelistos, contra la malnutrición

 

Pensando en ello la industria agro alimentaria se preocupa por encontrar productos fáciles de cocinar y que aseguren un máximo nivel de calidad nutricional. El objeto es prevenir los efectos de una mala alimentación sobre la salud que incrementan el riesgo de las grandes pandemias contemporáneas que son la obesidad, las alteraciones cardiovasculares, la diabetes, y algunos cánceres, tal como se expuso en SIAL Paris 2008, uno de los más importantes salones internacionales de la agro alimentación.

 

Es necesario que los productos buenos para la salud sean lo más cercano posible al alimento natural de origen. El éxito de los smoothies lo demuestra, así como el del jugo de frutas con infusión de plantas aromáticas y aceite de oliva, exaltado en SIAL que ganó el gran premio Tendencias e Innovaciones.

 

La Asociación Nacional de Industrias Alimentarias, ANIA, por su parte, asegura que los franceses tienen la percepción de comer cada vez mejor, y cerca del 80% declaran tener una buena imagen de la industria de alimentos, especialmente en lo que respecta a la seguridad alimentaria, a la variedad y a la facilidad de preparación.

 

Las objeciones, tienen que ver con la calidad de los ingredientes, el gusto, el respeto por el medio ambiente, la lucha contra la obesidad, el etiquetado y el precio. Este último factor cobra mucha más gravedad actualmente pues de acuerdo con TNS Sofres, los franceses están cada vez más preocupados por su capacidad de compra, un 42% de ellos declara haber cambiado ya sus hábitos de consumo debido a la crisis financiera. Por ejemplo, dos filetes de turbot Picard de un máximo de 0,42 K cuesta 24,78 euros, es decir, el 1.87% del salario mínimo sobre la base de la duración legal de 35 horas mensuales, esto es 1.321,02 €.

 

Así, vale preguntarse por las respuestas de las nuevas generaciones que empiezan a cuestionar los apegos de las generaciones precedentes, y que viven un momento importante de la economía mundial.



 
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Edicion No. 26

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